Por: Manuel Moisés Montás.
La ratificación de privilegios constitucionales a favor de cualquier organización religiosa en particular, por muy numerosa y respetable que esta sea, constituye un acto de parcialidad del todo incompatible con la igualdad que se supone debería existir entre todos los ciudadanos en un Estado moderno y democrático.
El reclamo de la comunidad evangélica por una mayor igualdad frente a la Iglesia Católica, figura también el del resto de las numerosas organizaciones religiosas representadas en la República Dominicana: igualdad, libertad y privilegios no se llevan de la mano.
La solución no consiste, sin embargo, en conceder a las iglesias evangélicas los mismos privilegios de los que disfruta actualmente la Iglesia Católica a través del muy cuestionable Concordato que antaño suscribieran Trujillo y El Vaticano, ya que ello redundaría en una nueva situación de inequidad civil a la cual no debería ser indiferente ningún auténtico cristiano.
Lo verdaderamente justo, equitativo y conveniente para todos, en virtud de aquel saludable principio de la separación de funciones entre iglesias y Estado, sería que todos los matrimonios eclesiásticos fueran considerados como algo ajeno a las autoridades civiles.
Así las cosas, todos los ciudadanos y ciudadanas, cualquiera que sea su particular condición religiosa, quedarían sujetos a una misma normativa y a un mismo procedimiento a fin de formalizar legalmente su unión matrimonial pudiendo proceder luego, si así lo desearen, a realizar cualquier ceremonia privada de naturaleza tradicional, religiosa o de cualquier otra índole.
Ya antaño lo había dicho el Maestro: Demos al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios._










2 respuestas hasta el momento ↓
tavi // Junio 12, 2009 a 7:09 pm
Somos gente tan atrasada…. En europa, la religion no es ni tema de conversacion.
jgrullon // Junio 13, 2009 a 12:59 pm
… Como si la religión fuese sinónimo de atraso.