Por Iván Salcedo.
Si usted pretende embaucar al pueblo dominicano con el fútil argumento de que detrás de las denuncias de corrupción hay intereses políticos, se ha equivocado. El estado de situación es palpable, la corrupción no se puede eludir como problema, pues las evidencias allí están. Lo que las motiven para nada desnaturaliza la verdad, pues la corrupción es corrupción y es inadmisible bajo cualquier contexto.
La finalidad del servicio público no puede ser distorsionada para la autocomplacencia de nadie. Quien no se disponga a efectivamente combatir esos intereses que procuran la destrucción del estado, que le despotrican con malas prácticas como la corrupción, entonces que proceda a renunciar. La importante labor de la Presidencia de la República no admite vacilaciones de esta índole. No se coloque tal como si fuese un extraterrestre del Planeta X, usted es el Presidente y sobre su lomo recae el accionar de todos los funcionarios del gobierno. ¡Es su responsabilidad constitucional y se juramentó bajo esos claros preceptos!
Si somos un país de concordia, en donde se respeta la ley y el orden constitucional, entonces asumamos los papeles que nos corresponden. Si no estamos en la facultad de hacerlo, despejemos el paso para quienes sí lo estén para entonces combatir eficientemente la corrupción y garantizar la prosperidad y sosiego de nuestra gente. Señor Presidente: ¡Reflexione y mida sus palabras!
















