Por Iván Salcedo.
La vigilia no cesará, Presidente Fernández. Antecedentes sobran para aseverar hoy que un nuevo modelamiento del accionar gubernamental será tan disfuncional como los más recientes, ya que estructuralmente contamos con el mismo estado, inherentemente inclinado hacia la corrupción, el clientelismo y otros flagelos más que constriñen el desarrollo socioeconómico de la República Dominicana. Si bien nos crean moderada expectación sus más recientes declaraciones, le reiteramos enfáticamente que nos hallamos en el inquebrantable compromiso de construir un estado más cónsono con las metas de desarrollo socioeconómico que garantizarán, en el porvenir, un mayor estado de bienestar y prosperidad socioeconómica.
Esperamos que detrás de su visita al Seibo no haya despropósito, pues entendemos que no hay espacio para la manipulación mediática y mucho menos para la creación de falsas expectativas a una población completamente marginalizada, sin recurso alguno para asumir cabalmente sus derechos cívicos como ciudadanos dominicanos. Sencillamente sería imperdonable. Si hay buen propósito, entonces es menester que también visite a poblados como Las Terrenas, cuya vocación turística lo constituyen en uno de los lugares más propicios para el desarrollo de proyectos de esta índole, pero que, sin embargo, se hallan en una pobreza social e institucional implacable.
Nos preguntamos, ¿Cómo es posible que la colosal industria turística, generadora de tributos fiscales, no de abasto para siquiera los servicios más fundamentales de las poblaciones adyacentes a sus más destacados proyectos? ¿Cómo puede el estado ignorar tal desproporción, sólo evidenciándose su implacable voracidad fiscal? Entendemos, Presidente Fernández, que usted debe encarar tal situación, fortaleciendo y saneando las instituciones del estado radicadas allí, fomentando la inversión foránea y nacional en el ámbito turístico e integrando en la licencia o permiso institucional para cada proyecto la imperiosidad de aportes continuos a las desfallecidas comunidades de parte de los inversionistas.
En la víspera del 2015, cuando se espera que se satisfaga plenamente cada Indicador, Meta y Objetivo de Desarrollo del Milenio, entendemos que usted debe replantearse como individuo, de tal suerte que pueda reasumir cabalmente su rol como Presidente de la República. Usted bien sabe que el pueblo está jarto de tanta corrupción e impunidad, de la desproporción fomentada por una clase gobernante inclinada a satisfacer los requerimientos de los sectores más privilegiados, de tanta negligencia estatal ante los apremios y demandas de la sociedad y entre otras muchas más. Y también sabe que este ha encarnado el concepto de empoderamiento social, en pos de la justa reivindicación que merecen.
Le preguntamos, ¿Se halla usted en la disposición de iniciar las transformaciones de lugar o esperará a que otros las realicen, mientras a usted lo sometan a una justa condena moral? ¡Reflexione Presidente Fernández!
















