Por Iván Salcedo
Estamos jartos del ominoso turpén en su despropósito de enajenar al desfallecido de su seguridad alimentaria, vivienda y educación. De esos infames sinvergüenzas que sólo piensan en llenar sus pacas socavando las riquezas de las futuras generaciones dominicanas. De tantos inconsecuentes, sin nociones de productividad y transparencia, gente de pensamiento estéril formados en el resentimiento socioeconómico y la envidia. ¡De tantos hipócritas y farsantes! Esos que se desempeñan en la coyuntura de pactos ignominiosos, conjurándose con capos del narcotráfico y genios del fraude corporativo. ¡ De tanta traición al pueblo y a sus mejores intereses!
¿Y cómo no estar jarto, Boquechivo? De este imperio del desorden y la desproporción. De la carestía de todo en un paraíso de exuberantes recursos. De tanta corrupción, donde la noción de eficiencia sólo es acogida en pos de tecnificar las prácticas de malversación de fondos. Pues si ha habido progreso en estas tierras, no ha sido por la voluntad hacedora de estos turpenes, sino por su incesante afán de solapar descaradamente su hurto.
¿Y cómo no estar jarto? ¡De tantas nominillas, botellas, dietas y salarios exorbitantes! De tanta distorsión y del desprecio de los dominicanos a su propia tierra.

















Disculpen la ignorancia, pero pregunto para poco a poco dejar de ignorar, ¿qué es una “dieta”?
Saludos.