Por José A. Grullón
Las pasadas elecciones en la República de Honduras, en las que resultó electo el Lic. Porfirio Lobo por el Partido Nacional con un porcentaje de 56% frente al 38% del candidato del Partido Liberal, Elvin Santos, reflejaron que la participación en dichos comicios fue de más de 60% de acuerdo a los datos oficiales.
Con la realización de dichas elecciones se suavizaron las posturas de muchos de los que antes radicalmente se oponían al golpe de Estado, lo que pudo en principio ser interpretado como una postura contradictoria y hasta traicionera, aunque por el lado contrario pudo haberse visto como que su postura anterior era simplemente apresurada y temeraria, sin fundamento sólido sobre el cual recaer.
La pregunta que surge, pues, es: ¿se aprueba o no se aprueba el golpe de Estado en la República de Honduras? De acuerdo al estudio realizado y evidenciado en el Latinobarómetro, la aprobación del golpe de Estado dentro de Honduras fue de un 28%, enfrentado a un 58% que rechaza tal actuación y a un 14% que no sabía o no respondía a la pregunta hecha.
Ahora bien, una cosa es la evaluación y percepción que se tenga sobre el golpe de Estado, y otra completamente diferente es la evaluación que se hace sobre la gestión de gobierno de los grandes implicados, en nuestro caso, Manuel Zelaya y Roberto Micheletti. En cuanto al primero, la aprobación de su gestión de gobierno fue de un 44%, frente a un 48% que la rechazó y a un 8% que no sabía o no respondió, como se evidencia en el siguiente gráfico:
Observamos que hubo más rechazo que aprobación al gobierno de Zelaya, aunque la diferencia fue de apenas un 4%. En cuanto al gobierno de Roberto Micheletti, ¿cuál es la situación? Un 27% de la población hondureña encuestada aprueba la gestión de Micheletti. Por el contrario, un 65% la desaprueba, y un 8% no sabía o no respondió.
La diferencia es abismal entre la aceptación del gobierno de Micheletti y el de Zelaya. Zelaya tuvo una aprobación del 44%; Micheletti, de un 27%. Zelaya tuvo un rechazo de 48%; Micheletti, de un 65%. La diferencia entre aprobación y rechazo en la gestión de Micheletti fue de unos 38 puntos porcentuales primando el rechazo por sobre la aprobación, contrastando con el apenas 4% de diferencia en el caso de Zelaya.
¿Por qué causas fue desaprobado el gobierno de Micheletti? Se pueden aducir muchas causas, pero observando la situación coyuntural en Honduras bajo su gobierno, se evidenciaron reiteradas violaciones a los derechos humanos, incluyendo la libertad de prensa, la libertad de expresión, represión sistemática, y aún el mismo derecho a la vida. Es una pena que los que murieron como consecuencia de la represión michelética no pudieron votar.
Precisamente, en cuanto a las elecciones: ¿por qué mucha gente, a pesar de desaprobar el golpe de Estado, votó? En palabras de un ciudadano hondureño:
Yo estoy con ‘Mel’ Zelaya, pero fui a votar por el Partido Liberal para que no nos gane ‘Pepe’ Lobo, y porque ya en todo caso varios países han dicho que van a reconocer las elecciones, entre ellos Estados Unidos.
Esto es lo que se conoce como “voto por resignación”.
El Latinobarómetro señaló la aprobación o rechazo de los latinoamericanos hacia el evento que llevó a Roberto Micheletti al poder. La mayoría de los latinoamericanos expresó su rechazo. El país que más aprobó el golpe fue la República Dominicana, con un 44%, que como sabemos, es en efecto un país que le ha dado la espalda a los propios ideales del profesor Juan Bosch, quien también fue derrocado por un golpe de Estado. Así, como bien dijo el periodista Luis Eduardo Lora (Huchi), lo que ha primado es la veneración a “balagueritos”, no a “juanboschitos” y “peñagomitos”.
Ahora: los países de referencia democrática en la América Latina son, básicamente, Costa Rica, Uruguay y Chile, quienes obviamente expresan un mayor rechazo al golpe que la República Dominicana. Como escribió un tal Tomás:
Dar un golpe de Estado para defender la Constitución es como violar a una mujer para protegerla de un sádico.
¿Esto no nos dice algo? ¿No es una llamada de alerta, de que ciertamente a nosotros no nos importa la democracia? ¿No es eso lo que vemos diariamente cuando permitimos el avance de la delincuencia, la corrupción en todos los estamentos del Estado, el narcotráfico, el abuso de poder, el tráfico de influencias, la falta de educación, la falta de salud, la falta de energía eléctrica y la falta de agua? Evidentemente, un país masoquista: triste panorama que agobia la realidad nacional y la sumerge en los océanos profundos del ostracismo propio, condenado al yugo maldito de su propia vanidad.






















Sin comentarios sobre el comentario de mi amigo Perdomo, pues ya redundariamos demasiado en la paráfrasis utilizada para alegar que “no hubo golpe de estado”, sobre todo ya a estas alturas…
Tratemos de enfocarnos en lo que queda de este país, pues la democracia actual resulta incomprensible para todos y la democracia que queremos vender, resulta mas incomprensible aun. Mientras mas complicamos las cosas mas nos alejamos de alcanzar el objetivo, pues cada quien por su lado es menos efectivo que si luchamos todos unidos!
José, no ha habido Golpe de Estado, empezando por allí que quede eso bien claro, pues quien pretendió darlo fue Zelaya, al desobedecer las disposiciones del Congreso Nacional y la Suprema Corte de Justicia.
Expongo esto nuevamente a pesar de lo extemporáneo y reiterativo que hemos sido respecto a este particular e importante caso para la geopolítica latinoamericana y sobre todo para el verdadero avance hacia la democracia por parte de nuestros países, debido a que un presidente aunque sea soberanamente elegido por el pueblo, está sujeto a un marco legal y se debe primero a los demás Poderes del Estado, que también representan al pueblo y están para velar por el, se cumplan las disposiciones constitucionales, evitando con ello acciones de voluntariosidad, egocéntricas y autocráticas en los Jefes de Estado y mas allá, caciquismos, caudillismos y dictaduras de cualquier tipo.
Ahondar y promover este tipo de argumentaciones Zelayistas, fundadas en una Carta Democrática de la OEA que necesariamente debe ser revisada, pues los pueblos deben tener formas clara de protegerse de sus gobernantes, en caso de que estos no solo actúen como Zelaya, como Leonel que tomo el Sun Land fuera de lo dispuesto por la Constitución y luego se ha valido de todo tipo de pactos para endeudar caprichosamente a este país, o como otro que se vuelva demente, es un acto de crueldad y en perjuicio de un pueblo que merece superar esta situación.
Se habla de Resistir y me pregunto ¿Qué cosa? pues antes de la deposición de Manuel Zelaya, Lobo tenía las preferencias del electorado. El Congreso y La Suprema se pronunciaron según el Acuerdo de Tegucigalpa y ratificaron sus disposiciones de enjuiciar a Zelaya. No les gusta la decisión del Congreso Nacional, pues en las elecciones lo cambian por uno que les funcione, pero así son las cosas en una verdadera democracia.
Otra cosa es la irrelevancia de la aceptación o no del gobierno TRANSITORIO de Micheletti, pues es simplemente una salida a una situación, no es la voluntad popular, es la disposición constitucional para ese tipo de situaciones, donde el primer diputado es quien se designa Presidente Interino. Ahora lo que si merece mención es como este sujeto ha jugado bien su rol, de como ha el acogido lo pactado en el Acuerdo de Tegucigalpa.
Entendemos que masoquista es nuestro pueblo, que en las próximas elecciones dejará una mayoría en el Congreso al PLD, para que Leonel siga deshaciendo.
Aspiro abiertamente a una constitución como la hondureña, donde el presidente no pueda hacer lo que le venga en ganas y eso esté establecido constitucionalmente, así como que aquí lleguen a existir hombres en el Congreso Nacional que no se vendan por un par de ventajas, un maletín o 10 libras de oro. Aspiro a un país y una América Latina libre de caciques, democrática, sin reelección, pues nadie es imprescindible.
Admiro a Zelaya y su voluntad, lo he dicho, el hombre es un ejemplo, pero eso nada tiene que ver con que el se sitúe por encima de su constitución.
¡TODOS DEBEMOS LUCHAR POR UNA CARTA DEMOCRÁTICA EN LA OEA, QUE RESPETE LAS CONSTITUCIONES NACIONALES DE LOS PAÍSES QUE LA CONFORMAMOS! La que persiste no sirve para nada. En la que debe firmarse, incluso los países deberían comprometerse a no avalar la reelección presidencial, a fin de avanzar hacia la democracia y la renovación del liderazgo.