Liberales y Revolucionarios

Por: Manuel Moisés Montás

La Libertad guiando al Pueblo

La primera y más importante revolución empieza dentro de nosotros mismos. La verdadera revolución, la única que puede hacernos verdaderamente libres, se lleva en el Ejemplo, en la mente y el corazón de aquellos que sinceramente se aprestan a hacer propias las cargas ajenas; a reconocer sus limitaciones y avanzar en la búsqueda del Bien Común.

Toda forma de pensamiento único, radical y absolutista entraña alguna forma de desprecio y egoísmo aunque se nos presente vestida de nobles ideales. Los que no comparten ni han compartido históricamente la corriente de pensamiento propuesta por los unitarios han de haber sido, según éstos, seres simples e ignorantes de una realidad que se juzga evidente, cuando no despiadados cómplices de un “sistema” perverso. En su argumentación raras veces se echa en falta una cierta satisfacción moral basada en la exclusión, en un largo “Yo No soy”, en el cual la rebeldía adquiere valor de por sí como un mecanismo de afirmación del autoestima, de donde se sigue que el unitario interpreta habitualmente las críticas contra su postura como un ataque en contra de su propia persona.

La mejor prueba de la definición por exclusión antes mencionada es la dificultad, por demás natural, que tienen los promotores del pensamiento único en estrechar afectos y colaborar incluso con aquellos  con los que mantienen cierta afinidad ideológica o de objetivos. Esa es la principal desventaja del pensamiento único, que a la larga en él solamente hay lugar para una sola persona; que, como propuesta, es incapaz de reconocer en la diversidad y la libertad individual los ingredientes indispensables de cualquier receta para el auténtico progreso humano. Por eso, cualquiera que sea su argumento, el promotor del pensamiento único será siempre un enemigo encubierto de las libertades civiles.

El pensamiento único es tan pobre, que ni siquiera es original: se trata de una imitación mundana, materialista y deformada del cristianismo, bajo la cual se abrigan sombras a menudo más fuertes que las que los modernos revolucionarios consideran inherentes a toda forma de religión. La promesa de un futuro mejor menos injusto, sin pobreza, fraternal -en fin, de una “Tierra Prometida”- hacia donde nos encaminará un Líder -el Mesías largo tiempo esperado- se convierte en una justificación para que una minoría imponga por la fuerza un orden que no resulta ya de la interacción espontánea entre seres libres, sino de la intolerancia, la violencia, la coerción y hasta la eliminación física de todo lo que no se ajuste a su particular visión del mundo.

Una visión que, dicho sea de paso, resulta demasiado estrecha para un orden social infinitamente complejo. El pensador único, que ya sabemos enemigo de la Libertad, se complace en creer que es capaz de comprender, de asimilar en su intelecto, todo el universo social. Unas pocas lecturas -habitualmente superficiales y sacadas de contexto- al resumen o al prólogo de una Obra Maestra del Pensamiento Humano, el discurso de una figura carismática, bastan para meterse en un bolsillo miles de años de historia, sentimientos, intercambios e información dispersos e impresos en el orden social espontáneo. Y no sólo para esto, sino también para menospreciar a todos los que no compartan su visión (la única correcta).

Es por esto que las posturas liberales, basadas en el reconocimiento de las limitaciones del conocimiento humano y de la propia erudición, suelen ser un mejor signo de la madurez intelectual de una persona. A ellas son consustanciales la humildad, la tolerancia, el diálogo, la colaboración, el interés por la comprensión, el respeto, la paz, el libre intercambio de ideas, bienes y afectos; requisitos que a través de la historia hemos llegado a entender básicos para la supervivencia, el progreso y la prosperidad del género humano._


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One Response to Liberales y Revolucionarios

  1. Pablo U says:

    Muy necesario este artículo. Y más en estos tiempos donde aquellos hombres que defienden el pensamiento único y no reconocen las diferencias y limitaciones que existe entre humanos son tan abundantes.

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